Esculpir el liderazgo

Labramos con esfuerzo lo que cotidianamente hacemos. Esculpimos nuestras obras y ese arte es inherente a nosotros. La capacidad creadora debe estimularse constantemente y ese deber requiere de una actitud libre y responsable.
Si pensáramos en una escultura gigante podríamos imaginar niños leyendo y entendiendo lo que leen, deseosos de seguir aprendiendo y maestros alegres y apasionados involucrados en la escena. Una escultura viviente, dinámica y testimonial de vidas florecientes, de país en crecimiento. Para querer esculpir hay que descubrir las herramientas necesarias que lo permiten. Están disponibles en todas las personas.
Una escultura mundialmente conocida lleva el nombre de El pensador, en ella el bronce la compone y su creador es Auguste Rodin (1840-1917). Se encuentra en el Museo Rodin, en París y fue terminada en 1880. Fue Dante, el autor de la Divina Comedia, quien inspiró a Rodin a construir la obra. El escultor francés tomó como un antecedente ilustrativo el retrato en donde se lo ve sentado a Lorenzo de Médicis, en donde Miguel Ángel muestra su capacidad artística. En El pesador podemos ver a un hombre desnudo, que está sentado, con su cuerpo inclinado hacia adelante y su cabeza sostenida por su mano izquierda. Su mirada es hacia abajo. Los estudiosos en la materia sostienen que su postura representa el espíritu libre y el deseo de trascender a través de la poesía expresada por Dante.
Ya las poblaciones milenarias forjaron una escuela de esculturas en arcilla, lo hacían representando figuras humanas y también de animales. Los fines podían ser religiosos o mágicos, quizás nunca podremos saberlo concretamente. El sol era indispensable, dado que permitía que se secaran. Hay investigaciones realizadas en Jericó que han permitido establecer que las esculturas encontradas datan aproximadamente del 7000 a.C.
Cada sociedad le rinde un homenaje a sus esculturas. Son obras distinguidas y que están inspiradas por historias de mujeres y hombres que movilizan a otros a valorizar lo que hacen. Así Rodin homenajeó a Dante, así hoy podemos homenajear a quienes están a nuestro lado y para ello no necesitamos ser Rodin, ni ser Dante. Somos nosotros los artistas dispuestos a construir obras esculturales que le rindan tributo a la gente que nos acompaña. Hay que asumir que todos podemos hacer esculturas a través de nuestras acciones simples. Que los artistas y, en este caso, las esculturas, también nos sirvan como disparadores de nuestras virtudes, de nuestras capacidades innatas.
Siempre el ser humano esculpió. ¿Cómo lo hacemos ahora?, ¿qué materiales utilizamos?; cada uno de ellos merecen su respeto, las piedras, el bronce, las maderas, el yeso, el hierro, el plomo, la plastilina y mucho más. Hoy podemos esculpir, para ello se requiere vocación para hacerlo. Y si estamos dispuestos encontramos las maneras para utilizar constructivamente los elementos para la tarea. La posibilidad de esculpir se presenta todos los días. Hay que valorar la oportunidad que en cada amanecer se hace visible. Quienes deciden esculpir encuentran sus razones y buscan los materiales que utilizarán ese día.
Las mejores obras de la sociedad son sus habitantes. En el fomento del valor que cada ser humano posee y representa radica uno de los pilares de la educación; y hay que pregonar y creer que desde la misma podremos construir comunidad. La escultura social está viva, se mueve, fluye, puede observarse y admirarse constantemente. Los museos están en donde las personas deciden que estén, es que los mismos expresan historias, acontecimientos, bellezas, técnicas, motivaciones que han generado sus creaciones, sufrimientos y alegrías; y el arte se transforma en la voluntad de quienes asumen su escultura interior y al cultivarla la comparten, la transmiten en los entornos donde se desempeñan.
El pensador está reflexionando y su tamaño escultural es grande, Rodin utilizó extraordinariamente esa dimensión para demostrar que toda acción por venir requiere de una reflexión. El pensador también actúa y lo hace a su manera, de hecho su presencia ha causado y seguirá causando respuestas de quienes lo admiran. La quietud ayuda a reflexionar y también a actuar. Y si la quietud nos ayuda a reflexionar, ¿cuál es nuestra fuente inspiradora para hacerlo?
Cada uno posee al propio pensador. Rodin pensó en Dante. Nuestro Dante también existe. La obra nos invita a que pensemos en nosotros y en quienes nos rodean, en nuestra tierra, en su presente y en la escultura que podemos realizar juntos.

